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22/11/06

VALCÁRCEL RECONOCE QUE ECHÓ A PATRICIO VALVERDE DEL GOBIERNO "PORQUE LE GUSTABA MUCHO EL DINERO"

medium_valverde_2.JPGApoteósica la columna de hoy en La Opinión de Ángel Montiel. En ella se contienen algunas claves de uno de los misterios mejor guardados en los intestinos del Gobierno regional: el cese del consejero de Industria, Patricio Valverde, al que ahora compensan con un puesto de consejero en la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM).

Cuenta el periodista lo que dice le contó a su vez un colega tras una charla palaciega con Valcárcel. Es una palabra contra otra, pero relata en boca del jefe del Ejecutivo algo que, por su claridad meridiana, sorprende: “Valverde no dimitió. Lo eché yo. Le dije: a ti te gusta mucho el dinero, y eso es incompatible con ser consejero”. Ahí queda eso. Estupefactos nos quedamos. ¿Lo echó por su amor a los billetes de curso legal? ¿Era Valverde la excepción en el entorno del presidente? ¿El resto son meros responsables públicos que van a servir y nunca a servirse? ¿Todos mantienen su estatus previo a entrar en puestos clave de la Administración autonómica? ¿Viven igual que antes de 1995 los que morirán matando con su jefe, al que rinden culto y pleitesía hasta la última gota de su sangre?

CALERO SIGUE VIVO

medium_CALERO_2.JPGTelevisión Murciana resucitó la otra noche a Juan Ramón Calero. En una entrevista distendida, el que fuera portavoz-adjunto de Alianza Popular en el Congreso con Aznar y Rato, contó algunos pasajes de su vida. Sorprendieron sus reproches al patrón Fraga -normales, por otra parte, si tenemos en cuenta cómo tuvo que abandonar la dirección popular- y no tanto la afirmación de que mantiene amigos en el PP aunque eso no guste a sus actuales dirigentes regionales.

Lo cierto y verdad es que la Región de Murcia se perdió en su día un gran político que podría haber regido los destinos de la misma y convertirse en un auténtico barón del PP. Sin embargo, fueron quizás sus formas y su orgullo lo que le impidieron culminar una obra que él ayudó a levantar afanosamente. A Alianza Popular, y luego al PP, los activaron en Murcia un grupo de personas entusiastas de la causa, la mayoría de las cuales hoy no pululan por los despachos de la calle de González Adalid. Y Calero, abogado del Estado y personaje brillante e intelectual -capaz hasta de escribir una novela de intriga política- es uno de ellos.